Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +

Historia de los celtas

La historia de los celtas está cubierta de incertidumbres. El mayor problema que se encontraron los historiadores al estudiar a estos pueblos es que tenían una tradición oral muy rica por eso rara vez usaban el lenguaje escrito.

Originarios de Asia, los celtas se extienden en progresivas migraciones por toda Europa. Algunos historiadores suponen tribus de origen indoeuropeo que en el tercer milenio a. de C. ocuparon los montañas de los Cárpatos, cadena de montañas de Europa central que se extiende como un arco por Eslovaquia, Polonia y Rumania, siendo su pico más alto el Tatra, de 2.600 m.

Los detalles de su antigua vida cotidiana debieron ser armados con referencias arqueológicas y leyendas que los monjes irlandeses fueron coleccionando. Los celtas nunca formaron una federación de tribus o un imperio político, aunque compartían una lengua común e ideas religiosas similares. En verdad, lo que habitualmente se conoce como celtas no es sino un conglomerado de tribus y pueblos de diversos orígenes que se asentaron en una franja sumamente amplia de Europa, durante un período que, convencionalmente, se extiende desde el año a.C. hasta los primeros siglos de la era cristiana.

A pesar de esto, sus antecedentes e influencias pueden ser rastreados en una etapa mucho más amplia, que se remonta a los finales de la Edad de Bronce. No obstante, este conglomerado compartió una serie de rasgos comunes que, como las tradiciones, creencias y lengua, le otorgó una misma identidad bajo el nombre de celtas.

El origen y el desarrollo de los pueblos celtas se asocian a la Edad de Hierro europea, y más precisamente a la llamada Cultura de los Campos de Urnas, que floreció hacia fines de la Edad del Bronce. Aquélla recibió su denominación por las curiosas prácticas crematorias de sus muertos y la posterior inhumación de las cenizas en recipientes de cerámica. Dispersa por el este y el centro de Europa entre los años y a.C., la Cultura de los Campos de los Campos de Urnas es el primer antecedente de los celtas.

Posteriormente, ya en los inicios de la Edad del Hierro, surgió en ese mismo espacio geográfico la Cultura del Hallstatt, que se desarrolló entre los siglos VIII y V a.C. A diferencia de la anterior, serán sus características, al menos en su último período, los enterramientos sumamente lujosos de los personajes de la élite dirigente y la construcción de edificios defensivos de mayor complejidad. En este período, los celtas compartieron la Cultura de Hallstatt con los ilirios, a la vez que extendieron su presencia en el interior de la Península Ibérica, donde se establecieron en el siglo VII a.C.

En el siglo siguiente hicieron lo propio hacia el noreste ibérico, donde se hallaban instalados los íberos. Todos estos movimientos migratorios eran bien conocidos por los antiguos griegos y romanos. De hecho, Heródoto los denominó “keltoi”, y los romanos comenzaron a definirlos como “galatae” o “galli“.

La cultura de "la tené"

La cultura de “La Téne” tomó su nombre de un asentamiento descubierto a mediados del siglo XIX en las cercanías del lago Neuchatel, en Suiza. Las investigaciones asociaron finalmente este hallazgo con una práctica religiosa y ritual, en la que los antiguos celtas realizaban sacrificios de animales y seres humanos, y arrojaban a los cursos de agua objetos preciosos a manera de ofrendas a los dioses.

Durante la última fase de la Edad del Hierro, conocida como “La téne”, desarrollada a partir del siglo V a.C., la presencia celta se extendió sin pausa, alcanzando desde la Península Ibérica hasta las orillas del mar Negro.

El proceso se inició hacia fines del siglo V a.C., cuando a causa de la presión demográfica de otros pueblos del norte se generalizó un movimiento migratorio y los celtas llegaron al corazón mismo del mundo grecorromano. Aproximadamente en el a.C., sus incursiones culminaron con la ocupación del valle del Po, en Italia.

No tardarían mucho en iniciar recorridos hacia el sur y ya en a.C. asediaron Roma, a la que luego saquearon. El avance de los celtas continuó en diferentes direcciones, entre ellas hacia las Islas Británicas. Las primeras oleadas migratorias se realizaron durante el siglo V a.C. y se repitieron dos siglos más tarde. Efectivamente, algunos registros arqueológicos revelan la presencia celta en Manda ya en el siglo III a.C. Finalmente, a principios del siglo I a.C. se sucedió una nueva migración masiva.

También en el siglo IV a.C. los celtas dirigieron sus pasos hacia el sudeste europeo, hasta la región del Báltico y la parte occidental de Turquía. Alejandro Magno supo de ellos en Macedonia y es sabido que en el año a.C. iniciaron el saqueo de la ciudad de Delfos, aunque al parecer parecer una nevada les impidió concluirlo. Paralelamente, en Asia Menor, los celtas llegaron a establecerse en una región que aún conserva el nombre de Galacia.

La expansión

La gran expansión celta implicó la movilización de numerosas tribus independientes, aunque unidas por lazos culturales. Entre los siglos V y II a.C. se dispersaron en todas direcciones y fundaron ciudades fortificadas, a la vez que intensificaron el comercio con grupos vecinos. Hacia el siglo II a.C. aparecieron las fortificaciones llamadas “oppidas“, que pretendieron actuar como valla contra el avance romano.

En el siglo V a.C., tres elementos se aunaron para promover una nueva expansión de las originarias tribus celtas: el importante crecimiento demográfico, la presión ejercida por nuevos grupos llegados desde el este y, finalmente, la vigencia de una nobleza guerrera capaz de iniciar una migración conquistadora. El resultado sería la colonización de vastos territorios de Europa central y occidental que incluyeron desde casi la totalidad de la Península Ibérica hasta territorios en Asia Menor.

La decadencia

La presión romana desde el Sur combinada con la progresión de los pueblos germánicos que invadían desde el siglo IV a.C. las tierras celtas del norte y centro de Europa, acabó por derrumbar la cultura celta hasta su sometimiento. La inexistencia de una nación celta, con un ejército conjuntado que pudiera plantar cara a la maquinaria estatal romana hizo que estos pueblos sucumbieran ante ejércitos bien organizados, pero fue esta misma preexistencia tribal y familiar la que hizo prácticamente indestructibles los valores, las costumbres y por tanto la percepción religiosa, sus leyendas y folclore. Esa misma tribu e incluso esas relaciones familiares fueron fortalezas ante la invasión ya que su origen y su manera de ser estaba sustentada interiormente, no era necesario un estado que protegiera el sentimiento celta. Nunca lo fue.

Territorialmente los celtas en retirada se replegaron en las costas Occidentales en Iberia y en las Islas Británicas intentando huir del empuje romano. Es ahí donde pervivirán, ocultas por la patina imperial. Sin embargo, no será hasta las invasiones de los pueblos germánicos (visigodos, francos, burgundios, vándalos,etc), que la Galia desaparecerá arrasada, quedando tan solo la Bretaña Armoricana como único territorio donde los celtas sobrevivirán bajo libertad vigilada.

En estas dos últimas zonas, en cambio, la resistencia, combinada con lo breve de la estadía romana, permitió que su lengua y cultura sobrevivieran. Incluso en el siglo VII realizaron un intento para expandir su influencia, cuando los escotos irlandeses invadieron Caledonia, región rebautizada como Escocia.

Los distintos pueblos celtas

Los Celtíberos

Con el término celtíberos se hace referencia de forma genérica a los pueblos prerromanos celtas o celtizados que habitaban la península ibérica desde finales de la Edad del Bronce, en el siglo XIII a. C., hasta la romanización de Hispania, desde el siglo II a. C. al siglo I.

El término denomina también de forma genérica los idiomas que utilizaban. El término celtíbero engloba a otros pueblos como los vetones, vacceos, lusitanos, carpetanos o célticos.

Los galos

Los galos eran los pueblos que habitaron lo que hoy es Francia, Bélgica, el oeste de Suiza y las zonas de Holanda y Alemania al oeste del Rin, y una franja aún poco determinada de este último país, a la orilla derecha del río.

Los griegos los llamaron celtas hasta que los romanos los denominaron “galos”, y a su gran región, la Galia. Ya los mismos romanos habían notado esto, por lo que hacían una diferencia entre la Galia Cisalpina (de este lado de los Alpes) y la Galia Transalpina (del otro lado de los Alpes). A su vez, la Transalpina era dividida en cuatro que, según la época de Roma, llamaron Galia Bélgica (de celtas menos ortodoxos), la Galia Comata o Melenuna (la netamente celta o tradicional), la Galia Aquitana (con celtas de características diversas o poco definidas) y la Galia Luguria o Celtoligur, la primera en ser anexada a Roma como la Provincia.

Helvecios

Los helvecios era otro de los pueblos celtas, o probablemente una confederación de tribus celtas, que vivían en la zona comprendida entre el alto Rin, el Jura suizo, el lago de Ginebra y los Alpes. A fines del siglo II a.C. dominaban el territorio que se extendía desde el alto Rin y la Selva Negra hasta el Meno. Julio César describió su confrontación con los helvecios en su De Bello Gallico.

Al estar bajo presión de las tribus germánicas en su tierra natal, los helvecios cruzaron la Galia y buscaron una nueva patria al norte del río Garona, con la tribu entera bajo el mando Orgétorix. Antes de la partida, los helvecios quemaron sus villas y destruyeron las plantaciones y otras mercancías que no podían llevar, para forzarse a no retroceder. Julio César mandó legiones para perseguirlos y acabar con ellos.

Britanos

Los britanos o britones fueron los pueblos indígenas que habitaron la isla de Gran Bretaña (Albión), los cuales podían ser descritos como celtas insulares antes de que su lengua y culturas fueran reemplazadas por las de los invasores anglosajones.

Estos pueblos hablaban lenguas britónicas y compartían tradiciones culturales comunes. En términos de lengua y cultura, gran parte de todo el oeste de Europa fue principalmente céltica durante este periodo, aunque la isla de Gran Bretaña y la Bretaña continental estuvieron habitadas por celtas britanos. Los habitantes de Irlanda, la Isla de Man y Dalriada eran escotos o celtas gaélicos, hablantes de lenguas goidélicas.

Los líderes celtas más famosos

  • Ambiórix fue el jefe de la tribu de los eburones, en el norte de la Galia, que combatió contra las legiones romanas mandadas por Julio César.

  • Beloveso (latín: Bellovesus) fue un legendario rey de los galos. Vivió alrededor del siglo VII a. C. y se le recuerda por haber invadido el norte de Italia con su pueblo durante el reinado del rey romano Tarquinio Prisco.

  • Boudica fue una reina guerrera de los icenos, que acaudilló a varias tribus britanas, incluyendo a sus vecinos los trinovantes, durante el mayor levantamiento contra la ocupación romana entre los años 60 y 61 d. C., durante el reinado del emperador Nerón.

  • Carataco (Caratacus, Καράτακος, Caractacus, Caradawc) fue un caudillo de los catuvellani, hijo del rey Cunobelinus, y principal líder de la resistencia contra la invasión romana de Britania.

  • Cartimandua (Cartismandua) (ca. 43–69) fue la última reina de la tribu celta de los brigantes, la más populosa de Gran Bretaña en los tiempos iniciales de la conquista romana. Su nombre significa «elegante caballo».

  • Corocotta fue un personaje de la Antigüedad (siglo I a. C.), héroe de la resistencia ante Roma, como unificador y caudillo local durante las Guerras Cántabras de Augusto.

  • Casivelono (en latín, Casivellaunus) fue un líder militar britano que dirigió la defensa contra la segunda expedición de Julio César a Britania en 54 a. C. También aparece en las leyendas británicas con el nombre de Casibellano, uno de los reyes de Britania según Godofredo de Monmouth, y en el Mabinogion y las Tríadas Galesas con el nombre debCaswallawn, hijo de Beli Mawr.

  • Diviciaco fue un noble heduo, el único druida cuya existencia histórica está atestiguada. Luchó contra su hermano Dúmnorix, aliado con los helvecios y con Ariovisto. Estrecho colaborador de los romanos, trabó amistad con Cicerón y ayudó a César durante la Guerra de las Galias, y posiblemente acabó sus días en Roma.

  • Vercingétorix fue uno de los primeros líderes galos que logró acaudillar a una parte importante de la nación gala, mostrando verdadero talento militar al enfrentarse al más grande de los estrategas de su tiempo, Julio César. Bajo el reinado de Napoleón III, se empleó considerablemente su figura como representante de la civilización galorromana. Posteriormente, durante el enfrentamiento franco-alemán, encarnó la figura mítica y patriótica del pueblo francés, que lo convirtió en parte importante de su historiografía durante el siglo XIX. Entre 1870 y 1950 se convirtió a ojos de las nuevas generaciones de escolares en el primer líder de Francia.

  • Retógenes, apodado Caraunio (¿? - 133 a. C.), fue reconocido como el más valiente guerrero de la ciudad arévaca de Numancia. Héroe de la guerra de los celtíberos contra Roma, durante el asedio que Numancia sufrió bajo el yugo romano, eludió el cerco para pedir ayuda y murió cuando las tropas romanas entraban en la misma. Su actitud resistente hizo de él un símbolo de la lucha por sus tierras y por la libertad ante la amenaza de que los habitantes de su pueblo se convirtieran de forma inevitable en esclavos bajo la dominación romana.

  • Olíndico (también conocido por Olónico ¿?-170 a. C.) fue un líder indígena celtíbero que promovió una rebelión contra los romanos comandados por el pretor de la provincia Hispana de Ulterior, Lucio Canuleyo, quién la sofocó con éxito.

  • Megarafue un guerrero español del siglo II a. C.. Al morir Viriato los numantinos le eligieron como jefe suyo y entonces, al frente de 8.000 hombres, emprendió una guerra de sorpresas y emboscadas, con las que causó serio descalabro a los romanos.

  • Viriato (muerto en 139 a. C.) —Viriathus en latín, tal como fue recogido en las fuentes romanas— fue un líder de la tribu de los lusitanos, que hizo frente a la expansión de Roma en Hispania a mediados del siglo II a. C. en el territorio suroccidental de la península ibérica, dentro de las llamadas guerras lusitanas. Su posición al frente de los lusitanos tenía al parecer una naturaleza electiva, es decir, no era hereditaria, sino que se debía a los éxitos militares del caudillo.

  • Sir William Wallace (Elderslie, 1270 -Londres, 23 de agosto de 1305) fue un soldado escocés, de ascendencia galesa, que dirigió a su país contra la ocupación inglesa del rey Eduardo I de Inglaterra en la Guerra de la independencia de Escocia

Modo de vida y organización

La sociedad celta

Al ser la sociedad celta un grupo de clanes más o menos comunicados entre sí, no se puede afirmar que tuvieran una sociedad de estructura uniforme, sino más bien variada, en función de cada clan, y de los lugares donde habitaban.

Sin embargo se puede destacar que la sociedad celta estaba dividida en 2 sectores prioritarios, cada uno de ellos separado a su vez, en varios niveles claramente delimitados: por un lado las jerarquías religiosas, y las jerarquías laicas.

El sector religioso

Los Druidas, sacerdotes, jueces, médicos y en ocasiones administradores, se les solía ver en los claros de los bosques donde recogían el muérdago sagrado y llevaban a cabo los ritos relacionados con sus funciones de sacerdotes, magos, maestros, oráculos, etc.

Los Vates, filósofos, adivinos, expertos en magia, y sanadores.

Los Bardos, quienes se encargaban de cantar las alabanzas a los dioses, difundir las tradiciones y conservar los mitos, además de cultiva la literatura oral y transmitir los relatos de hazañas guerreras a la posteridad.

Amdaurs, que significa "hijos del roble", que eran los aspirantes a bardos.

El sector laico

Los Équites (la nobleza), encabezada por el rey (o el equivalente celta de los señores feudales), sus familias y la corte. Para finalizar, el reto del clan compuesto por los guerreros, los herreros, artesanos, obreros, agricultores, cuidadores de ganado y esclavos.

Los guerreros celtas tenían un aspecto amenazador. Por lo general iban vestidos con unos pantalones de tejido basto, pero cuando entraban en combate iban desnudos. Sólo llevaban unos torques y el cuerpo pintado de azul con un tinte extraído de las hojas de una planta llamada glasto.

Los guerreros celtas usaban espadas, lanzas y hondas y se protegían con escudos de bronce o madera. Se dirigían hacia el enemigo a pie, gritando y golpeando sus escudos y algunos hacían sonar unas trompetas de guerra, llamadas carnyxes.

Los guerreros vencedores disfrutaban de una posición privilegiada dentro de la tribu. Se dirigían hacia la batalla en unos carros ligeros de madera tirados por robustos ponis. Un auriga guiaba el carro hasta la batalla mientras el guerrero tiraba lanzas al enemigo. Ya en plena batalla el guerrero saltaba a la lucha blandiendo su espada. Como símbolo de la victoria cortaban las cabezas de sus enemigos y las coleccionaban y colgaban en sus casas como trofeos sagrados.

Después de una victoria, los celtas celebraban grandes banquetes que solían durar varios días. Los asistentes escuchaban a poetas y músicos que cantaban las proezas de los guerreros vencedores.

Aunque los celtas eran fieros luchadores y solían intimidar a sus contrarios, la indisciplina de sus ejércitos les hacía menos eficientes de lo que cabía esperar. Tenían su propia tradición sobre lo que era un combate honorable. Creían, por ejemplo, que era inaceptable que un guerrero fuera atacado por dos enemigos al mismo tiempo. La consecuencia de esto fue que los celtas fueron aplastados con facilidad por las disciplinadas tropas romanas, muy superiores en armamento, táctica y entrenamiento.

El papel de la mujer

La mujer celta siempre participaba activamente en el buen funcionamiento de su clan. Sus papeles con respecto a los hombres eran similares (con sus pequeñas diferencias), ellas dominaban el arte de la guerra y la caza como cualquiera y aunque no iban a la guerra habitualmente, en las batallas estaban tan consideradas como cualquier guerrero masculino.

Tenían derecho al voto en las asambleas comunitarias, y sus palabras eran valoradas y respetadas como un miembro más de la comunidad. Podían aspirar a las jefaturas del clan si sus méritos y actividades dentro del mismo lo merecían.

La libre práctica de su sexualidad potenciaba el poder de la mujer y la seguridad en sí mismas, ya que en estas sociedades estaba mejor considerada una mujer soltera con hijos e incluso una viuda que una doncella virgen.

Con respecto al matrimonio, el “contrato” tenía una validez de un año. Superado ese periodo si se quería continuar se reafirmaban los votos y duraba hasta “que el amor se acabe”. No perdían ni sus propiedades ni su apellido. Si la cabaña donde vivían los cónyuges pertenecía a la mujer y esta daba por terminada su relación el hombre volvía a la casa de su familia o se iba a una casa comunal, esto ocurría al contrario con la mujer.

Cuando existían hijos en la relación, durante los siete primeros años permanecían al cuidado de su madre y después de esa edad los niños pasaban a estar tutelados por su padre mientras las niñas permanecían con ella.

La gastronomía celta

La cocina constituye una pieza clave en la cultura de los pueblos celtas. La caza -especialmente del jabalí- y la ganadería fueron los puntos de partida esenciales de su gastronomía, derivando lógicamente en un elevado consumo de productos lácteos que se mantiene hoy en día.

A pesar de que los asentamientos de población solían situarse cerca de la costa los celtas le temían al mar y, por consiguiente, no apreciaban especialmente el pescado, aunque cocinaban especies de agua dulce como el salmón.

Por desconocer el proceso de fabricación de la sidra -hasta que los normandos la importaron en el siglo XIII- bebían cerveza, vino del Mediterráneo o aguamiel. Destacaron estos pueblos como panaderos, empleando como materia prima el trigo galo.

Entre sus técnicas culinarias predilectas figuraba la cocción de alimentos, que combinaban en un pote, a pesar de que se produjeron en estas costumbres innumerables mutaciones hasta nuestros días.

Las casas y pueblos celtas

Sus casas son muy características y se diferencian rápidamente del resto de culturas. Su principal característica es que son de piedra y de forma circular,con el tejado de paja. Suelen tener en la parte de afuera una especie de horno y las callejuelas que separaban unas casas de otras eran muy estrechas y reviradas.

Mitología celta y religión

Dioses

  • Balar
  • Bran Mac Llyr
  • Cerunnos
  • Cessair
  • Conann
  • Cu Chulain
  • Dagdé
  • Etain
  • Los hijos de Milé
  • Los Tuatha de Danann
  • Luchtiné
  • Lugh
  • Mananann Mac Llyr
  • Oengus
  • Otros dioses Celtas
  • Partolón
  • Tethra
  • Teutates
  • Tuan Mac Cairril

Leyendas

  • Cu Chulain en la tierra de Skatha
  • Donogha y Vauria
  • El lago de la llanura
  • El lago prestado
  • El secreto de Maón
  • Fergus y el caballo de río
  • Finn contra el demonio de Tara
  • Finn y la cacería de la cierva
  • Historia del pescador que se casó con una foca
  • La hija adoptiva del vaquero
  • La hija del rey de la tierra de la Juventud
  • La leyenda de la calavera
  • La maldición de Macha
  • La maravillosa capa
  • La tragedia de Cu Chulain y Connla
  • Las hadas y los espíritus en el día de Todos los Santos
  • Mesroda, su perro y su cerdo

La mitología celta es conocida por una serie de relatos de la religión de los celtas durante la edad de hierro. Al igual que otras culturas indoeuropeas durante este periodo, los primeros celtas mantuvieron una mitología politeísta y una estructura religiosa. Entre el pueblo celta en estrecho contacto con Roma, como los galos y los celtíberos, esta mitología no sobrevivió al imperio romano, debido a su subsecuente conversión al cristianismo y a la pérdida de sus idiomas originales, aunque irónicamente fue a través de fuentes romanas y cristianas, contemporáneas, que conocemos detalles sobre sus creencias.

Aunque el mundo celta en su apogeo abarcara la mayor parte de Europa occidental y central, no estaba políticamente unificada, ni existía alguna fuente central sustancial de influencia cultural; por consiguiente, había mucha variación en las prácticas locales de la religión celta (aunque ciertos motivos, por ejemplo, la adoración al dios Lugh, parece haber difundido en todas partes del mundo Celta). Durante el período romano, muchas deidades celtas fueron identificados con dioses romanos. La naturaleza y las funciones de estos dioses antiguos pueden ser deducidas de sus nombres, de la localización de sus inscripciones, su iconografía, y de las deidades romanas con las que han sido comparadas.

El culto céltico, para los primeros celtas algunos árboles eran considerados sagrados. La importancia de los árboles en la religión celta es mostrada por el hecho de que muchos nombres de los jefes de tribus están relacionados con el árbol del tejo o el acebo.

Los escritores romanos declararon que los celtas practicaron el sacrificio humano en gran escala, pero no hay pruebas arqueológicas que prueben el proceso sacrificatorio, por lo que se piensa que en muchos casos la información se basaba en rumores.

Existía también un culto al guerrero que se centraba en las las cabezas cortadas de sus enemigos. Los celtas proporcionaban a los muertos las armas y otros equipos que indicarían que ellos creían en otra vida posterior a la muerte. Antes del entierro, ellos cortaban también la cabeza de la persona muerta y estrellaban el cráneo, quizás para prevenir que vagara como fantasma.

Los templos, a menudo se dice que los pueblos celtas no construyeron ningún templo, y que sólo se rendía culto en el exterior, en los bosquecillos de árboles. La arqueología ha mostrado por un largo tiempo que esto es falso, con el descubrimiento de varias estructuras de templos a lo largo del mundo celta conocido. Con la conquista romana de partes del mundo celta, un tipo distinto de templo celta-romano denominado fanum también se desarrolló.

Los druidas,

las funciones religiosas estaban separadas de la vida política; sin embargo, los druidas fueron los difusores de las ideas religiosas y filosóficas, lo que influyó en su preponderancia política. A pesar de ser un pensamiento filosófico mal conocido, la transmisión de sus enseñanazas se realizó de forma oral, ya que no dejaron ningún testimonio escrito con sus ideas. El druismo no se confundió con la religión, pero a cargo de los druidas estaban ciertas funciones religiosas, como la recogida de muérdago (símbolo del antiguo culto de las plantas).

Sus funciones, además de las estrictamente religiosas, estaban delimitadas por el mundo de la brujería, la astrología o la medicina, a lo que debieron su gran influencia, además estaban exentos de ir a la guerra y actuaban como jueces. Su religión era fundamentalmente idealista, con las prohibiciones de representar figurativamente las imágenes de los dioses, o la construcción de templos. Sus miembros eran elegidos, sobre todo entre la nobleza, y obedecían a un gran sacerdote nombrado de por vida.

Las fiestas celtas

Samhain fue originariamente una festividad de los muertos, celebrada durante la última noche del año druídico, es decir, la del 31 de octubre, precedente al Día de Todos los Santos. Hasta épocas relativamente recientes, en muchas partes de Europa existía la creencia -probablemente originada en esta festividad celta- de que en la noche de Samhain, las brujas y hechiceros efectuaban sus peores conjuros, y se encendían grandes fuegos para mantener lejos de los hogares a los espíritus malévolos.

Es la festividad opuesta a la de Beltayne, ya que en ella se escenifica el encierro del ganado para el invierno, y se encienden simbólicamente los fuegos del hogar.Posteriormente, a partir del siglo XVll, el cristianismo la transformó en la fiesta de Halloween.

La fiesta de Beltayne (Beltuin), se celebraba el primero de mayo. Era una festividad consagrada al dios Belenos y a la Madre Suprema, o Señora del Bosque. Literalmente significa “el fuego de Bel”, se conmemora durante la noche del 31 de abril al primero de mayo, y un homenaje de agradecimiento a los dioses familiares, por haber protegido los fuegos del hogar, como así también un augurio de primavera. Es una fiesta característica de los pueblos agrícolas y pastoriles, ya que llega la fecha de la siembra y de sacar las manadas a pastar.

Las otras dos fiestas importantes de carácter religioso y comunal, que se intercalaban entre estas, eran: Ymbolc (Imbolc), el primero de febrero. Se representa en la actualidad, en Irlanda, como la fiesta de Santa Brígida o Brigantia, y en el resto del mundo católico por la Calendaria. Es una fiesta de purificación y recogimiento a comienzos del invierno.

Y, por último, la fiesta Lugnasad (Lughnassadh), el primer día de agosto. Se celebraba en conmemoración de las bodas del gran dios Lug en Irlanda, que aún se festeja en muchas aldeas y pueblos.

La lengua celta

Lenguas celtas o célticas es el nombre por el que se conoce a un grupo de idiomas pertenecientes a la familia indoeuropea, entre los que se incluyen:

  • el bretón,
  • el córnico,
  • el gaélico escocés,
  • el galés,
  • el irlandés,
  • el manés, y
  • todas aquellas lenguas muertas de esta familia que en un tiempo hablaron los pueblos celtas en Europa.

Sus hablantes eran los pueblos celtas, una serie de tribus y clanes de la Europa Central y Occidental que compartían unas características culturales similares: creencias religiosas, estructura social, estilos artísticos, sistemas de producción, y sobre todo una lengua común, o más bien una serie de dialectos ininteligibles entre sí.

El nombre que utilizaban para designarse a sí mismos era *gal- o *kel-, como reflejan los nombres de sus lenguas y los nombres de los pueblos celtas:

  • Galli (pueblos galos de la Gallia, región que comprende básicamente Francia y Bélgica),
  • Gálatae o Gálatai (gálatas, celtas de una provincia romana en el centro de la actual Turquía llamada Galatia),
  • Galaici (celtas de Galicia, al noroeste de Hispania)
  • Gaelige (celtas de Irlanda)

El nombre celta procede del griego keltoi, término que usaban los geógrafos griegos en la primera mitad del I milenio a. C. para designar a los pueblos que habitaban Europa central.

En cuanto a los textos de las lenguas célticas pasaron dos cosas: por un lado las continentales no son abundantes y la mayoría son pequeñas inscripciones, monedas, glosas y nombres. Sin embargo, las lenguas célticas insulares sí disponen de una extensa y variada literatura, siendo de las más antiguas de Europa. Ya en el siglo XX, se destacan dos escritores en irlandés, Michael Hartnett y el premio Nobel Seamus Heaney. También existe desde la Edad Media literatura en bretón, escocés y en galés, en algunos casos manteniéndose viva hasta hoy en día.

En el idioma español han quedado algunas palabras celtas, como manteca, perro, barro, gordo, barranco, otero… También otras con muy poca trans formación, como camisa (camisia), cerveza (cerevisia), carro (carrus), carpintero (carpentarius), palangana (palancrana), jabón (sapon), techo (tech), vasallo (vasallus) o legua, medida de longitud que perduró en el mundo rural español hasta mediados del siglo XX (lecua).

Los celtas en la actualidad

La cultura celta se fue perdiendo, tanto por la doble influencia de Roma y las invasiones de otros pueblos como por la supresión a la que fue sometida por los estados centrales de los distintos países en que quedó enclavada. La mayoría de los habitantes de los antiguos territorios celtas llegaron a ignorar por completo que en el pasado de su tierra hubo una compleja cultura con un elaborado sistema de leyes y con una riqueza literaria muy superior a las de quienes la anularon.

Lo céltico tuvo que disfrazarse; los símbolos quedaron encapsulados en cuentos infantiles, entre imágenes de la nueva religión, en la música popular, en costumbres que se mantuvieron en las áreas rurales, en abalorios como símbolos de buena suerte. Afortunadamente tenemos la excepción entre los monjes irlandeses y galeses medievales, que amaban lo suficiente a su tierra y a sus ancestros como para escribir las historias que desde niños habían escuchado en torno a la lumbre.

En los países con tradición de lengua gaélica se han ido creando los Eisteddfod y los Gorsedd, asambleas periódicas de neodruidas o poetas y escritores al estilo bárdico, para revivir algunas de las ceremonias. En los últimos tiempos, la música celta e internet han supuesto el nuevo soplo de vitalidad a una cultura que casi da la impresión de no morir nunca, como si de vez en cuando se retirara a un Avalon del que regresa cuando llega el momento oportuno. ¡Quién sabe qué música hacían los celtas históricos! Pero hoy en día es tan celta una vieja muñeira gallega tocada por Carlos Nuñez como una moderna pieza evanescente en la que la irlandesa Enya.

Las naciones celtas o países celtas son aquellas naciones que han mantenido a lo largo de los siglos sus raíces culturales celtas (célticas), y mantienen en particular el uso de una lengua celta. Hasta el siglo V el conjunto entero de las Islas Británicas y gran parte de lo que es hoy Europa occidental era predominantemente celta, pero solo los extremos situados al noroeste del continente conservaron sus lenguas y su cultura celta, debido a que allí la romanización fue tardía o inexistente, y/o dado que las invasiones germánicas no las alcanzaron plenamente o no llegaron a asimilar a las poblaciones locales.

La Liga Celta y el Congreso Internacional Celta solo consideran como naciones celtas a las naciones que comparten la característica de tener un idioma celta hablado por parte de la población. La definición de la Liga Celta se basa en criterios lingüísticos, y por lo tanto otros territorios con pasado celta como Asturias o Galicia no pueden formar parte de ella, al no contar en la actualidad con idiomas celtas vivos.Según esta organización, las seis naciones celtas son:

  • Bretaña
  • Cornualles
  • Escocia
  • Gales
  • Irlanda
  • Isla de Man

La fiesta de Eisteddfod

Un ejemplo de la perdurabilidad de las costumbres y tradiciones celtas hasta nuestros días es el festival de Eisteddfod, término derivado del gaélico eístedd: “sentarse” y fod: “reunión” o “competencia”. La celebración de esta fiesta a lo largo de la historia ha tenido sus altibajos, pero actualmente Eisteddfod aún se reedita año tras año, poniéndose un especial énfasis en la conservación de la pureza de la lengua galesa.